viernes, 13 de septiembre de 2013

TR, el superhéroe gay, en "El Ascenso de los Conjurados" 30

Sergi estaba cabreado. Y mucho. Había sufrido demasiado para conseguir ese libro. El enfrentamiento con la cuasi-omnipotente Reeva y sus demonios, las carreras por medio edificio de la Asociación de Superhéroes, la paliza que le metieron los libros encantados del Archivista, media docena de intentos de asesinato… Era excesivo. Sobre todo, cuando uno se daba cuenta de que aquello en lo que había puesto sus esperanzas y que tanto le había costado lograr, no servía de nada. El Archivista, aquel que todo lo veía y todo lo escribía, plasmó entre las cuatro hojas del librito rojo ni una sola línea que le pudiera servir para detenerles. Lo único nuevo que había averiguado era que los Conjurados estuvieron viviendo en la calle (algo que, por otra parte, le daba bastante igual) y que Reeva organizó el atraco al banco con rehenes (lo que no resultaba sorpresivo después de que la Reina del Fuego le contara que los hermanos trabajaban para ella). Nada más. Ni nombres, ni direcciones, ni alguna pista sobre lo que se proponían. Y la frase que más pistas podría haber proporcionado, la última, no estaba acabada. “Lo que ninguno de los tres sabía…” decía. Parecía que el Archivista le había gastado un chiste malo.

— Eso explicaría por qué pude escapar de su biblioteca. — Dijo Sergi con furia. — Porque al muy cabrón le apetecía tomarme el pelo ¡¡A ver que tal vuelas ahora!! — Gritó en voz alta mientras, incapaz de contenerse, arrojaba el libro por la ventana. Como había esperado, en esta ocasión, el manuscrito cumplió con las reglas habituales de la física y, en vez de flotar, cayó a plomo hacia la calle y aterrizó entre los arbustos de un parque vecino.

— El alcalde me odia por ser gay, — continuó — el gobierno no me soporta porque traté de limpiar la Quebrada, me echaron de la Asociación de Superhéroes por salir del armario, la mitad de la población me toman por un chiste viviente y la otra mitad quiere mi cabeza. Y voy yo y me enfrento a unos tíos con más poderes mágicos que Merlín para salvar las vidas de unos mafiosos que nadan en dinero gracias a la trata de blancas, el tráfico de órganos y la venta de drogas a menores. Así que se ha terminado. A partir de hoy mismo me ocuparé de mis cosas y me dedicaré en exclusiva a mi vida de guionista de cómics. O puede que vuelva al porno ¿quién sabe? Tengo tantas posibilidades como “copias” pueda hacer. Lo que hoy se termina es mis andanzas como TR.

Cogió el móvil, mandó un mensaje a Mario y, tras recibir respuesta, se fue en busca de algo que le quedase bien. Esa noche tendría una cita normal que terminaría en una sesión de sexo normal y nada se lo impediría. Ningún brujo, superhéroe, demonio, ladrón, policía, asesino o chalado de los libros podría impedir que cenara y se acostara con Mario (cada cosa en su momento y su lugar, eso sí). TR ya le había fastidiado muchas relaciones. Ya era hora de que pudiera disfrutar tranquilamente de su vida privada y amorosa.



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