miércoles, 18 de febrero de 2015

Las aventuras de Baz el guerrero 27

Baz logró contener el grito de dolor que luchaba por escapar de su garganta mientras la descomunal mano del rey Morfin le estrujaba como si en lugar de un hombre, lo que sujetara fuese medio limón y quisiera aliñar una ensalada. El guerrero no estaba dispuesto a darle la satisfacción de verle sufrir. Si tenía que morir, que así fuera. Pero lo haría con la dignidad y el orgullo que se presupone a cualquier antiguo alumno de la Academia Militar Interna de los Gentiles y Alegres Paladines Decapitadores, a cualquier seguidor del Código Ámbar de los Caballeros y a cualquier hombre de honor que se preciara. Tampoco estaba seguro de que hubiera podido gritar, pues la presión que sufría sobre su caja torácica (que crujía de forma preocupante) apenas le dejaba llegar aire suficiente a sus pulmones para seguir respirando. aun así, Baz pretendía mantener su altiva pose hasta el final. Ser asesinado por un rey extranjero transformado en gigante por medios mágicos era una muerte estupenda. Sería envidiado por miles de aventureros y los bardos cantarían esa lucha hasta el final de los tiempos. No estaba dispuesto a estropearlo soltando un quejido y arriesgarse a que las canciones que debían alabar su valentía acabasen contando que lloró igual que una niñita pequeña. Su honor póstumo se merecía algo mejor que eso.

—Vaya tontería —pensó de repente —. Debo estar empezando a delirar. No hay testigos. Nadie va a hablar de mi valentía. Encontrarán mi cadáver descompuesto dentro de un año y ni siquiera sabrán quién soy. Y Trelios nunca sabrá qué fue lo que me ocurrió.

El recuerdo de su antiguo camarada en la academia militar le dio un soplo de nuevas fuerzas y avivó la esperanza de una pronta liberación. Intentó separar los dedos que le aprisionaban, pero fue completamente inútil. Morfin le tenía bien agarrado y no espacio para maniobrar. Hacer palanca, escurrirse, herirle... todas las maniobras que pudiera pensar, resultaban inútiles.

—¿Qué intentas? —se rio el rey.

—Bueno, pues ahora sí que es el fin —pensó Baz—. Tayner, siento no haber sido un buen guardaespaldas.

Cerró los ojos y esperó que la inconsciencia (o la muerte) le llegara pronto para ahorrarle más sufrimientos, aunque lo cierto era que cada vez le dolía menos el castigo que estaba recibiendo. Sabía que esa era una señal más que indicaba que todo acabaría pronto. O quizás no.

—Vaya coñazo es morirse —pensó Baz al cabo de un rato que se le hizo interminable—. A ver si acabamos pronto.

Pero su deseo no iba a ser atendido. Todo lo contrario porque en ese instante, la mano del rey se abrió y su cuerpo cayó al vacío. Había llegado a acostumbrarse (relativamente) a ser espachurrado, pero cuando chocó contra el suelo sí que le dolió. Mucho. Tanto que llegó a plantearse si se habría roto algún hueso. Aunque el golpe también le sirvió para que se reanimara al instante. Así pudo volver a respirar con normalidad y, de paso, contemplar qué había conseguido que Morfin le soltase justo cuando estaba a punto de matarle.

2 comentarios:

  1. Uf, ya pensaba que esta historia iba a ser como Juego de Tronos que se cargan a cualquier personaje cuando menos te lo esperas, jajaja.

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    1. Jejejeje todo puede pasar, pero de momento no tengo pensado matar al protagonista. Quedaría un poco raro escribir "Las aventuras de Baz el guerrero" cuando Baz el guerrero está muerto jejejeje Muchas gracias por el comentario

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