viernes, 18 de octubre de 2013

TR, el superhéroe gay, en "El Ascenso de los Conjurados" 35

La moto había conocido días mejores, pero consiguió aguantar lo suficiente para llevarles a uno de los pisos francos (un chalet, en realidad) que tenían fuera de la ciudad. Tal y como estaban las cosas con Reeva y su Asociación de Superhéroes, les pareció más seguro salir de las peligrosas calles de la capital y refugiarse en un pequeño y perdido pueblecito de las montañas. Tenían claro que si la bruja había sido capaz de averiguar la identidad secreta de TR (y, posiblemente, la de Bolea), podrían acabar encontrándoles. Pero, al menos, confiaban en que le sería más complicado y les darían algunos días de descanso. Necesitaban recuperarse de sus heridas y reflexionar sobre cuál sería su siguiente paso.

Cambiados, duchados y con una copa de vino en la mano para relajar los nervios, Sergi le narró a su amiga sus peripecias del día en el edificio de la Asociación de Superhéroes y el encuentro que había tenido con el Archivista, algo que dejó de piedra (metafóricamente hablando, claro) a la argentina.

— Lo más extraño de todo — dijo Sergi — es que estuvieran buscando el libro rojo sobre la vida de los Conjurados. Seguro que fue el propio Archivista el que les avisó de que se lo había robado, aunque empiezo a pensar que dejó que me lo llevara. En cualquier caso, debió advertirles que no decía nada de interés. Sin nombres o pistas que les identifiquen. La única frase que podía llegar a ser comprometida es la última, pero no la terminó.

— Dejame ver. — Le pidió Melanie (es decir, Bolea) cogiendo el manuscrito. Lo abrió y empezó a pasar páginas hasta llegar a la última escrita. — No es gran cosa, pero a mí me parece bastante reveladora.

— ¿Qué? — Preguntó Sergi desconcertado.

— “Los hermanos discutían sobre cuál sería la mejor forma de deshacerse de su recién creado antagonista. — Leyó Melanie. — El frío Omega era partidario de eliminar a TR de forma permanente, mientras que el paciente Alpha era más partidario de ganarle para su causa. Lo que ninguno de los tres sabía era que se conocían en su vida civil.”

— Eso no estaba así esta tarde. — Dijo Sergi. — Se quedaba en “lo que ninguno de los tres sabía“. No terminaba.

— Pues, de alguna forma, ahora la frase está acabada. Puede que se escriba él solo. — Sugirió la mujer.

— Eso explicaría por qué trataron de quitármelo y cómo logra el Archivista tener registradas las vidas de tanta gente.

— Y sabemos que conocés a los Conjurados en persona ¿Contás entre tus amistades con unos hermanos que practiquen la magia negra?

— No que yo sepa. — Respondió Sergi confuso.

— Ya se nos ocurrirá alguien. Hagamos una lista de tus conocidos. Incluye a todos con los que te hayás acostado.

— Traeré más vino y haré unas pizzas. Esto nos va a llevar la noche entera.



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