viernes, 2 de diciembre de 2011

Diario de un treintañero... y gay... y ciego 30

Bastante más tranquilo de lo que es habitual en mí en situaciones como en la que me encontraba y fumando menos de lo esperado, llegué al bar en el que había quedado con Miguel, una tasca de las de toda la vida frecuentada por los empleados de mi empresa y que contaba con la enorme ventaja de que solía estar vacía a esa hora de la tarde. Eso y que ya estaban tan acostumbrados a la presencia de ciegos que iban a tratarnos igual que al resto de los clientes. Estupendo para mantener una agradable charla con alguien que te gusta mucho pero con el que sabes que no tienes ninguna oportunidad a pesar de haber compartido un intenso y olvidado momento de intimidad … Puede que no estuviera tan relajado como me figuraba. Apuré el cigarro antes de entrar en el bar. No sería el último que fumase porque mi cita se retrasó considerablemente.

—¿Llevas mucho esperando? —me preguntó Miguel cuando llegó.

—No —mentí. Me había dado tiempo a nicotinizarme en la calle unas cuantas veces, a beberme dos cervezas y a que mis nervios se desbocaran sin control.

—Lo siento, me entretuve un poco más de lo esperado —dijo sentándose a mi lado. Insisto en que era a mi lado, no en frente. Eso tenía que significar algo. O, para no romper con la tónica habitual, quizás lo único que ocurría era que me comía demasiado la cabeza. En cualquier caso mi corazón se aceleró y se me erizó el vello.

—No te preocupes, ha valido la pena —contesté. Eso en mi pueblo se llama "dejarlo caer a ver si cuela". Si tenía alguna posibilidad era mejor ir dando señales. Al menos eso era lo que me aconsejaba mi nivel de alcoholemia. También acerqué la rodilla hasta que entró en contacto con la suya.

—Bueno ¿qué tal te lo pasaste en la fiesta? —me preguntó mientras, bajo la mesa, apartaba su pierna de la mía. En cualquier tratado de comportamiento social eso significa que pasaba de mí. Debería ir haciéndome a la idea.

—Tuvo sus momentos —respondí aún a riesgo de que eso me costara otra sesión de“¿me echaste de menos porque te aburrías o te divertías tanto que te olvidaste de mí?”. Si no iba a pasar nada entre nosotros, podía ser sincero y contarle lo horrible que me había parecido—. No congenié especialmente con nadie —continué. Era incapaz de decirle la verdad a la cara—. A lo mejor es que tus amigos son demasiado intelectuales para mí.

—La mayoría son algo especialitos. A mí, cuando me cuentan lo de los cuadros hechos con cáscara de nuez y cosas por el estilo me da la risa. Pero son mis amigos de la niñez y tengo que aguantarles. Qué se le va a hacer.

—Sí, los míos también son para echarles de comer a parte. Solo hay que ver a Ichi, un día está vomitando en mi casa y al día siguiente se está quitando la resaca a base de sexo con mi exnovio al que, no hace mucho, odiaba profundamente.

—¿Y tú tienes mucha resaca? —me preguntó.

—La verdad es que fui un niño bueno y no bebí ni un trago —repliqué—. Al contrario que otros…

—Entonces te acuerdas de todo lo sucedido.

—¿Eh? —conseguí articular.

—Lo tomaré como un sí.

Y así, sin más complicaciones y sin haberlo visto venir, Miguel me besó.

—Yo también me acuerdo —dijo.

2 comentarios:

  1. Siiiiiii llevo como 2 semanas o mas esperando este momento!!! :D Que bonico... Estas cosas pasan poco en la vida real, pero cuando pasan, hay que aprobecharlas!! ^^

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  2. Yo llevo esperándolo desde febrero, por lo menos. Me ha costado, pero al final he llegado jejejeje Gracias por el comentario.

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