lunes, 12 de mayo de 2014

Las aventuras de Baz el guerrero 01

Los soles trillizos se hallaban a esas horas juntos en el punto más elevado del cielo desde donde arrojaban sin descanso sus rayos abrasadores sobre todo aquello que se encontrara al descubierto. Lo hacían sin demasiada malicia, como cualquier otra gigantesca bola de gas incandescente espacial, pero eso no consolaba a las gentes del reino de Kierg, que sufrían uno de los veranos más calurosos que se recordaba. En la Tierra de las Llanuras Azules los viejos del lugar aseguraban que la única ocasión en la que tuvieron una temperatura similar en la comarca fue cuando la lava del volcán Firobia la cubrió con su lava.

El silencio reinante en la zona hacía pensar que una catástrofe como esa acababa de suceder, pues no se oía (literalmente) ni una mosca y la mayoría de las casas se encontraban vacías. Casi todos sus habitantes se habían marchado escapando de la calorina que azotaba la zona hacia las playas de Begún, los lagos montañosos de Zodí o cualquier otro lugar en el que se pudiera estar al aire libre sin temor a morir abrasado.

Solo un ser vivo se atrevía a atravesar las marchitas Llanuras Azules (aunque su color en esos momentos tiraba más hacia el amarillo seco). Su nombre era Baz Sannir y, a pesar de no haber muerto abrasado, parte de su ser lo deseaba. Tenía tanto calor que, al final, decidió quitarse todas las agobiantes prendas que cubrían su cuerpo y hacer un fardo con ellas. Lo único que se dejó puesto fue una especie de taparrabos, además de las botas y el cinturón del que colgaba una espada y un par de sacos. Que fuera prácticamente desnudo era un hecho extraordinario que únicamente ese abrasante verano podía conseguir. Y no solo por lo extraordinario que resultaba la visión de su prominente pecho, su ancha espalda, sus brazos moldeados, sus piernas fuertes y sus esculpidos abdominales. También era extraordinario que una persona tan cuadriculada y formal como Baz osara ir así por un camino público. Por suerte para su pudor, nadie más que él era tan inconsciente como para exponerse al sol en esos instantes.

Baz, en realidad, no lo hacía por ignorancia o estupidez, pues era un chico listo y despierto. Tampoco por practicar deporte. Ni, desde luego, porque fuera nudista. La razón por la que el guerrero se encontraba casi desnudo en un sendero comarcal se debía a su cabezonería. Había planificado que el viaje al siguiente pueblo iba a durar un par de días y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario (incluso morir deshidratado en cueros) con tal de lograr su objetivo. Cuando algo se le metía en la cabeza, lo seguía con ahínco y determinación hasta que lo conseguía. Salvo los chicos. En ese tema, a pesar de su musculado y perfecto cuerpo, no tenía nada que hacer. Por algún motivo, Baz Sannir era un negado en lo que a relaciones se refería. La única época en la que había tenido cierto éxito con los hombres había sido durante su internado en la academia militar. Claro que encerrado en un edificio lleno de adolescentes hiperhormonados era sencillo. No era de extrañar que ese fuera uno de los periodos más felices y satisfactorios (sobre todo sexualmente hablando) de su vida.

Sin embargo, por cabezota que fuera, Baz se cansaba igual que el resto de la gente y pronto iba a tener que hacer un alto para reponer fuerzas. Ya estaba buscando un sitio apropiado para echarse una siesta cuando unos desesperados gritos pidiendo auxilio llegaron hasta él.

Baz no dudo ni un segundo. Dejó el fardo que llevaba en el suelo, desenvainó su espada y, sin acordarse de que iba en taparrabos, se lanzó en la dirección de la que provenían los chillidos. A pocos metros, tras unos matorrales, encontró a tres hombres vestidos de negro que amenazaban a un joven viajero. El muchacho había sacado su espada, pero el temblor de su mano no hacía presagiar que fuera a tener demasiado éxito en el combate. Aunque lo que más le llamó la atención a Baz fueron sus preciosos ojos verdes.

2 comentarios:

  1. Anda, otra historia nueva y con un guerrero sexy, jajaja, creo que me va a gustar mucho también, así que los lunes estaré pendiente de pasar por aquí.

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    1. A ver qué tal queda. De momento, esta entrada me ha quedado un poco lenta por eso de tener que presentar el mundo, pero en la siguiente empezará a a ser un poco más movida. Espero que te guste. Muchas gracias por el comentario.

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