lunes, 26 de mayo de 2014

Las aventuras de Baz el guerrero 03

El taparrabos seguía haciendo poco honor a su nombre (aunque ya se debía a otras razones diferentes) pero eso no impidió a Baz adoptar una pose de dignidad mientras, enfadado, se alejaba por donde había venido.

—¿Dónde vas? —le preguntó Tayner corriendo tras él.

—Los espadachines han huido, así que sigo mi camino —respondió el guerrero sin detenerse.

—No puedes irte —le ordenó el príncipe. Trataba que su voz sonara autoritaria, pero era evidente que estaba asustado—. Tienes que quedarte para protegerme.

—Hay un pueblo a medio día de camino. Si te das prisa llegarás antes de que se llegue la noche.

—¿Cómo te atreves a hablarme con esa familiaridad? ¡Yo soy hijo de Yurgos, rey de Kierg! —gruñó Tayner indignado—. ¿Qué ha pasado con tus modales?

—Perdiste tu derecho a ser tratado con respeto en el momento en que tus manos trataron de robarme —respondió Baz.

—Pero no puedes dejarme así. Hay asesinos persiguiéndome —dijo el príncipe con tono de súplica—. Si vienes conmigo te pagaré por tus servicios más de lo que puedas imaginar.

—¿Y a quién se lo robarás?

—Mi padre te recompensará —contestó Tayner—. Te nombrará capitán… o sargento… o coronel ¡lo que quieras será tuyo!

—Tengo todo lo que necesito en mi fardo que está…

Baz se quedó callado. Había llegado al lugar en el que recordaba haber dejado su hatillo cuando corrió en ayuda del príncipe, pero allí no había nada. Unas huellas recientes hacían pensar que alguien acababa de pasar por allí y que lo había robado.

—¡Mierda! —gritó Baz. Estaba muy enfadado. De hecho, solo hablaba de esa forma cuando la ira recorría su cuerpo y tenía ganas de cortar cabezas. Esa era la tercera vez que le ocurría en su vida. La anterior había sucedido unos cuantos años antes, cuando Trelios abandonó la academia militar—. Tengo que recuperar mis cosas…

El guerrero miró al suelo, pensativo. Las huellas llegaban claramente hasta allí, pero no había señales de la dirección que habían tomado los ladrones. Parecía que se hubieran desvanecido en el aire. Tampoco con la vista logró encontrar señal alguna de los bandidos. El sendero se encontraba despejado en ambos sentidos. Podían haberse marchado en cualquier dirección, incluso a través de los campos circundantes. Pero si se ponía a investigar su viaje se retrasaría.

—Seguiré mi camino por si me los encuentro. Y, si no es así, me compraré ropa en la próxima tienda —concluyó. Era tan cabezota que prefería perder lo que llevaba a tardar más de dos días en llegar al siguiente pueblo.

—Entonces me vas a necesitar —dijo Tayner con una sonrisa.

—¿Para qué? El dinero que llevo en la bolsa y que he evitado que me quitaras servirá para adquirir lo que necesito.

—Ya, pero dudo que te permitan entrar en la aldea con esas pintas —continuó el príncipe.

—Seguro… —empezó Baz, pero el resto de la frase murió en sus labios. Era obvio que el muchacho tenía razón.

—Sabes que estoy en lo cierto —apuntó Tayner.

—Está bien —aceptó el guerrero tras meditarlo unos minutos —pero tendrás que prometerme que no volverás a intentar robarme.

—De acuerdo, no trataré de robarte la bolsa otra vez. Palabra de príncipe —dijo el joven poniéndose el puño en el pecho.

—Te voy a estar vigilando.

—Eso espero —respondió Tayner—. Serías un pésimo guardaespaldas si no lo hicieras.

2 comentarios:

  1. Jajaja, pobre Baz, si es que no se puede ser bueno. Me pregunto qué pasaría si se encontraran Baz y Blaine, menuda pareja, no sé cuál de los dos me gusta más.

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    1. Lo que pasaría es que Blaine trataría de pervertir y masajear a mi pobre Baz, que es más bueno que el pan jejeje Seguro que ambos se lo pasaban muy bien juntos. Muchas gracias por los comentarios y me alegro que te estén gustando los chicos nuevos.

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